Héctor Rodríguez Castro

3.dic.2012 / 03:32 pm / Haga un comentario

Ser eficientes en el desarrollo de una política pública pasa fundamentalmente por planificar adecuadamente lo que hemos proyectado, por mantener una organización capaz de cumplir con lo planificado y, de forma trasversal, tener la capacidad para desplegar el seguimiento, evaluar y controlar el desarrollo de la política pública, para medir el grado de cumplimiento y a su vez generar los alertas que permitan aplicar correcciones para alcanzar los objetivos con eficiencia.

El seguimiento, la evaluación y el control son trasversales a la política pública, no son la última etapa de la misma, son permanentes durante todo el ciclo. Desde el momento en que estamos pensándola y planificándola, ya debemos ir evaluando cómo se desarrolla este proceso para que nos lleve al destino deseado.

Al planificar, es muy importante determinar con claridad cuáles serán los indicadores en cada etapa de la ejecución. A través de ellos nos guiaremos en la evaluación. Estos deben determinar cantidad de productos y tiempos de los mismos, es decir, indicadores cuantitativos, pero también deben señalarnos la calidad de los productos, es decir indicadores cualitativos. Generalmente, los indicadores que determinan la calidad de un proceso o de un producto son los más difíciles de determinar y de evaluar por los niveles de subjetividad que pudieran estar presentes, por tanto es importante que al momento de la planificacion se determinen estos indicadores con la mayor precisión científica posible.

Al precisar que el control y seguimiento dependen de las dimensiones de la planificación y de la organización, debemos hacer cuantificable y calificable lo planteado. Es decir, que cada proceso pueda generar un conjunto de indicadores de cantidad y cualidad por los cuales sea posible medir el avance o no, en función de los objetivos. Estos indicadores no sólo deben estar claros antes de que el proceso de control se produzca sino que deben ser coherentes con el método de trabajo escogido, así como también, deben estar sujetos a un tiempo determianado.

Las organizaciones deben tener la capacidad de medir lo que hacen, de analizar estas mediciones, comparándolas con los indicadores planteados, y poder generar las alertas a los entes responsables para activar las correcciones de las fallas y la busqueda de la eficiencia.

El éxito de nuestra eficiencia radicará en planificar correctamente, en sostener un Estado capaz, desde lo orgánico y desde la formación del equipo humano que lo acompaña, y finalmente en controlar concienzudamente, de no perder de vista lo que hacemos para obtener las metas planteadas.

 

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